domingo, 26 de julio de 2020

DERECHOS DE LA NIÑEZ: UNA CONQUISTA MUY RECIENTE


Derechos de la niñezSorprende la tardía construcción del niño/a como sujeto de derechos. Guío (2016) devela cómo la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1989, supuso un hito importante en la protección de los derechos humanos, por tres aspectos.

1) El menor pasó de ser objeto de protección a ser sujeto de derechos, enmarcado dentro del paradigma de la protección integral. Bajo el anterior paradigma sólo estaban protegidos las niñas y los niños que estaban bajo la potestad irrestricta del padre de familia y aquellos menores bajo la jurisdicción de funcionarios del Estado. 

2) El menor pasó de ser considerado objeto de compasión-represión a ser sujeto de derechos.

3) Los derechos del menor se plantean como universales. Restando fuerza a la discrecionalidad de las prácticas de “protección” culturales. Como señala García Méndez: “la historia es muy clara en mostrar las peores atrocidades contra la infancia cometidas mucho más en nombre del amor y la protección, que en nombre explícito de la propia represión” (1999: 30).

4) Bajo el enfoque de derechos la CDN se plantea al infante como una población con necesidades específicas, marcando así el derrotero para la protección de los derechos humanos a partir de 1989. Son personas que ejercen sus derechos, progresivamente adquieren capacidad jurídica de ejercicio y tienen la facultad de ser escuchados y sus opiniones deben ser tenidas en cuenta en función de su edad y desarrollo (Guío, 2016).

El Instituto Interamericano del Niño, organismo especializado en infancia y adolescencia de la Organización de Estados Americanos (OEA), divide el texto de la convención en tres enfoques:

  • El enfoque de los cinco grupos. Los derechos de los niños se clasifican en las categorías de supervivencia, protección, desarrollo, participación y movilización.
  • El segundo enfoque, o de las tres “p”: protección, participación y provisión.
  • El enfoque de los cuatro principios: la no discriminación; la vida, supervivencia y desarrollo; el interés superior del niño; y el respeto por sus opiniones (Instituto Interamericano del Niño, 2011: 11, citado por Guío, 2016: 109).


Este marco jurídico de orden internacional, replantea las relaciones de la infancia con los adultos y con el estado y, especialmente, con la familia. Sobre este marco se sustenta buena parte de la discusión sobre el cuidado de los y las niños/as y adolescentes, derechos que aún no se cristalizan en buena parte del planeta y amerita estudiar y visibilizar. 


BIBLIOGRAFÍA
Guío, Rosa, 2016, La protección jurídica para los niños en el conflicto armado colombiano: de la declaración de ginebra al protocolo facultativo relativo a la participación de niños en los conflictos armados, estándares internavcionales. En: -Vivas, T. (edi), Derechos humanos, paz y pos conflicto en colombia. Bogotá, Universidad Católica.

García Méndez, Emilio, 1997, "Derecho de la Infancia Adolescencia en América Latina. De la situación irregular a la protección integral", Ed. Forum Pacis, Ibagué.

domingo, 19 de julio de 2020

EN EL BARRIO ESTÁ EL MÉTODO: DEL OBJETO AL SUJETO

Objetos de estudio que se tornaron en sujetos reflexivos
Importancia del estómago en el conocimiento
Continuando con los problemas de método abordados en una anterior entrada sobre ámbitos de violencia, queremos destacar algunas de las reflexiones realizadas por Rocha (2018), tras su larga experiencia en un barrio de jóvenes pandilleros en Nicaragua.
Una de sus afirmaciones es que los procedimientos y prácticas vinculadas al método, le fueron en gran medida impuestos. Al igual que el objeto de estudio, ya que la pandilla dejó de ser la unidad de análisis para ser el barrio y las relaciones de sus habitantes con las pandillas. Todo ello resultado, por un lado, del contexto, y por otro, de la reflexividad de los objetos de estudio que tornaron en sujetos reflexivos; a tal punto que, en algunos momentos, ellos marcaron el camino, las preguntas y señalaron, incluso, los sujetos a investigar. “Nosotros sólo pudimos determinar los aspectos más superficiales del método: entrevistas, bola de nieve, etc.” (Rocha, 2018: 251). 

En este sentido, la investigación se tornó en un proceso colaborativo. No quedó más opción que dejarse llevar por el objeto, generando un proceso de reflexividad permanente entre objetos e investigadores, al devenir el objeto en sujeto. 

Otro elemento señalado por el autor es la importancia de departir los alimentos con la población de estudio. Sorprende en qué medida los investigadores se suelen olvidar del estómago cuando el conocimiento está unido a éste de múltiples formas, en especial por la cantidad y calidad de la información que circula entre los comensales. Es una forma de acceder al conocimiento: por el estómago y por el afecto que se va tejiendo a través de la comida y los encuentros alrededor de la mesa. El problema es que nos abrumamos con el tiempo, con su “productividad”, y no alcanzamos a dimensionar que detrás de esos “tiempos muertos” se cuece el acceso al mundo del otro, a sus experiencias y vivencias más íntimas. 

Pero existe un espacio insondable que es el metodológico y al mismo tiempo existencial. Hay límites: podemos elegir algunas acciones de inmersión, pero no podemos vivenciar y acceder al ojo del huracán que supone la violencia. No podemos experimentarla de primera mano, bien en calidad de hechores o de víctimas. La violencia: 

“puede ser observada. Puede ser sondeada desde la periferia. Pero no se puede practicar y por eso no se puede experimentar y conocer en toda su plenitud a voluntad... Con la violencia el problema es que el científico no puede participar y comprometerse lo suficiente para alcanzar la comprensión: no es la imposibilidad de separarse lo suficiente, sino la de sumergirse; no la de tomar distancia, sino la de aproximarse hasta aprehender las entretelas de esa experiencia” (2018:258). 

Por ello, quedan preguntas y la certeza del silencio, de la imposibilidad de penetrar y comprender en toda su complejidad dicho mundo. 



BIBLIOGRAFÍA

Rocha, José Luis, 2018, En el barrio está el método: reflexiones sobre la investigación de las pandillas juveniles. En: Nuñez, Daniel (ed.), Rostros de la violencia en Centroamérica: abordajes y experiencias desde la investigación social. Guatemala: FLACSO – Mercy Corps.

domingo, 12 de julio de 2020

EL CIS, CONDENADO POR CONTRATO MERCANTIL A UNA ENCUESTADORA

La dignidad de las encuestadoras/es no es baladí
Trabajo de campo digno en encuestas
El Centro de Investigaciones Sociológicas de España es una entidad pública dependiente del
Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad. Se encarga de realizar encuestas periódicas, así como de difundir sus resultados. Además de realizar encuestas de la propia institución, realiza también trabajo de campo para otras instituciones públicas, como el Instituto Nacional de Estadística (INE).


En entradas anteriores nos hemos referido a la necesidad de unas condiciones de trabajo dignas para las encuestadoras/es. No es un tema baladí, está en juego la calidad de la información que se recoge.

Era conocido por mucha gente que el CIS llevaba años realizando contratos mercantiles a sus encuestadoras/es. Contratan a las personas encargadas de la recogida de información en campo asignando unos cuestionarios, unas rutas, unos perfiles de edad y sexo, considerándolas “colaboradoras”. Algunas/s de estas encuestadoras/es son contratadas como autónomas y a otras se les pide que entreguen un modelo de factura diseñada por el CIS, una factura similar a la utilizada por conferenciantes, que incluye un 15% de IRPF (Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas). Este último es el caso de la denunciante que, a través del sindicato CNT-AIT ha logrado que sea reconocido el carácter indefinido de la relación laboral que hasta ahora tenía con el CIS.

El director del CIS, José Félix Tezanos, expresa en una entrevista que la entidad está tratando de regularizar al personal de trabajo de campo, pero que espera poder hacerlo cuando el CIS pueda convertirse en organismo autónomo. No obstante, las palabras de Tezanos se derriten como un helado: la entidad ha recurrido la sentencia.

Nos parece impresentable para la sociología que la medición de cuestiones como la discriminación de género o la exclusión social, entre otros temas, se realice a partir de estas condiciones tan lamentables. Desde aquí, ponemos en duda la calidad de la información que se recoge mientras que el CIS no resuelva esta cuestión que coloca a sus trabajadoras/es en el dilema diario de si merece o no la pena salir a trabajar.

lunes, 6 de julio de 2020

CONFLICTOS METODOLÓGICOS EN UNA ZONA ROJA: LA POSICIONALIDAD DEL INVESTIGADOR

Investigación en zonas de conflicto

Desde una metodología etnográfica, Burridge (2016) plantea algunos problemas de orden metodológico que un investigador tiene que afrontar en el momento de trabajar en zonas de conflicto o “zonas rojas”, en donde la violencia no solo puede afectar el desarrollo de la investigación sino atentar contra la vida del investigador. 


El marco en que se desarrolla el estudio es una zona muy popular en el Salvador, en donde el territorio está disputado por varias pandillas o maras, organizaciones que a su vez disputan el monopolio de la fuerza al Estado, para “compartir” el derecho a matar y a regular la vida (Denyer Willis, 2015). En 2015, el país registró la tasa de violencia más alta del mundo, con 103 homicidios por cada 100.000 habitantes. A tal punto que en agosto de dicho año la tasa de homicidios diarios fue de 30. Situación que en los últimos años se ha recrudecido: violencia indiscriminada tanto por parte de las fuerzas del Estado como por las maras y pandillas. 


La etnografía pretende entender el mundo desde la perspectiva del “otro”, independientemente de los criterios dominantes. Burridge optó por la “gente común”: desde no-pandilleros y no-activistas, hasta activistas y pandilleros. Pero, en espacios en donde la violencia permea y estructura las relaciones sociales surgen múltiples problemas metodológicos en el momento de adelantar el trabajo, el autor relata algunos de ellos: 

1. La posicionalidad del investigador. Según Fals Borda (1987), ésta se deriva del grupo social al que el individuo pertenece, pero también de las experiencias y “vivencias” que marcan su vida. La posicionalidad moldea los sujetos de estudio, los marcos analíticos, el menú de preguntas, de conclusiones elegidas, los valores normativos que orientan la interpretación del fenómeno de estudio, además de lo que se considera como “natural”, “bueno”, “malo”, “correcto” y deseable. Dichos valores normativos estructuran la investigación a priori. 

2. La subjetividad. ¿Cómo abordar el problema de la subjetividad del investigador quien se aproxima al objeto/sujeto de estudio como sujeto provisto de valores y con una posición frente a un grupo o grupos determinados? Burridge propone afrontar este problema desde una posición reflexiva. “Es decir, al observar y analizar la vida cotidiana de otro grupo social, debemos analizarnos y preguntarnos quiénes somos, por qué estamos ahí, qué lentes debemos utilizar para observar, interpretar y analizar esta realidad, y cómo moldean nuestras investigaciones ese tipo de reflexiones sobre nosotros mismos” (2016: 215). 

3. La confianza. Si bien el autor narra que llevaba varios años trabajando con la comunidad -desde el campo religioso- su ausencia temporal, lo convirtió en un observador externo, de ahí que tenía que depender más que nunca de los contactos o redes sociales con los cuales había desarrollado relaciones de confianza a través de los años. Esta le permitía el acceso a los actores en conflicto y a información privilegiada. 

4. La confianza permite descifrar los discursos públicos con los discursos privados y acceder a las zonas grises de negociación. 

5. La confianza tiene un contrasentido: la clasificación del investigador en uno u otro bando. Su trayectoria lo ubica: abre unas puertas, pero también cierra otras. Ganar confianza en un colectivo supone generar perspicacia en otro. Esto es una de las mayores dificultades para acceder a la multiplicidad de actores en conflicto, es decir, para poner en marcha un diseño muestral teórico.

6. La no continuidad o vivencia permanente con las comunidades –estar ahí un par de veces al año- resta credibilidad y confianza en proyectos basados en Investigación Acción Participativa (IAP)

7. La prudencia. Mostrar sensibilidad frente a las llamadas de peligro, no cuestionar la valoración de la comunidad: “hoy no vengas”, “quédate en la calle principal”, etc. 

Aquí os dejamos esta reflexión que esperamos sea de utilidad para aquellas/os investigadoras/es sociales que se adentran en los complejos mundos en donde las interacciones sociales están basadas en violencias de diversos tipos. 


BIBLIOGRAFÍA 

Burridge, Daniel, 2016, Conflictos metodológicos en una zona roja: navegando el peligro, lo político y lo personal. En: Nuñez, Daniel (ed.), Rostros de la violencia en Centroamérica: abordajes y experiencias desde la investigación social. Guatemala: FLACSO – Mercy Corps.

Denyer Willis, Graham (2015). The Killing Consensus: Police, Organized Crime, and the Regulation of Life and Death in Urban Brazil. Oakland, ca: University of California Press 

Fals Borda, Orlando (1987). “The Application of Participatory Action Research in Latin America.” International Sociology, Vol. 2, No. 4: 329-347.