domingo, 29 de septiembre de 2019

¿QUÉ ES SOCIODRAMA?

Representación con los colectivos
Práctica del sociodrama
En nuestra anterior entrada sobre Debates en torno a la IAP, se plantean una serie de técnicas que quisiéramos exponer en esta entrada y la siguiente. El blog ha venido reflexionando previamente sobre metodologías participativas en entradas anteriores como: ¿qué son grupos de intervención sociológica?¿cómo trabajar con grupos de intervención sociológica?, cartografía social, metodología de cambio más significativo y el enfoque del marco lógico: la matriz de planificación del proyecto.

Ahora quisiéramos detenernos el sociodrama, técnica participativa cuyos orígenes provienen de la psicología (Moreno, 1972), y en tanto se cuente con tiempo suficiente para llevarla a cabo es de gran utilidad al permitir develar la visión de los diversos colectivos sobre un problema particular. Además, posibilita a los participantes colocarse en el rol del otro para, en la medida de lo posible, empatizar o sanar heridas (resquemores, dolores, odios), como es el caso de etapas de postconflicto. En tanto que los discursos construidos y dramatizados por los participantes de manera libre, a través de esta técnica afloran las representaciones sociales sobre una situación vivenciada, los prejuicios sobre el otro, los miedos, las estrategias e, incluso, los sueños y proyectos colectivos.

Se diferencian varias fases:


  • ¿Qué representar? En esta primera discusión colectiva, en donde los técnicos tienen un rol más de escucha -después de explicar los principios en que se basa la técnica- afloran problemas e interpretaciones no contemplados.
  • La elección del tema lleva a un proceso de reflexión colectiva muy importante, apoyado por técnicas como la lluvia de ideas, en el cual los participantes de diversos colectivos escriben en un tablón las propuestas, destacando las ideas principales. Se puede dar el caso de que haya una división por grupos para representar diversos problemas, haciendo el proceso más diverso e incluyente.
  • ¿Cómo organizar el sociodrama? Hay varias tareas de diverso orden, desde escribir el guión hasta las de tipo logístico (recursos materiales, consecución del espacio, gestionar con las entidades administrativas, si fuera el caso, etc.). La idea es que buena parte de los participantes se vinculen en cualquiera de las actividades, pero es fundamental la participación de la gran mayoría en la discusión del contenido del guión. En esta fase emergen cantidad de posiciones y representaciones sociales que nutren la investigación.
  • La representación: supone previamente el reparto de papales y el trabajo de puesta en escena de las obras. Es muy importante que en esta fase se cuente permanentemente con el apoyo de diversos colectivos, en especial en aspectos logísticos, es decir, que todos se sientan implicados, no sólo los actores.
  • Reflexión y discusión: en cuanto los sujetos investigados son sujetos-objeto, la investigación asume un nivel de reflexibilidad, en términos individuales y colectivos, que potencia no sólo el conocimiento sino la capacidad de transformación de la realidad.
La mayor dificultad del sociodrama es el tiempo que demanda la puesta en escena de la obra; pero si este problema fuera solventado, tanto en términos de encuentros y desencuentros entre los participantes como de orden logístico, la técnica potencia vínculos, apegos y estrategias de transformación.


BIBLIOGRAFÍA

MORENO, J. (1972). El Psicodrama. Buenos Aires: Ediciones Hormé.

domingo, 22 de septiembre de 2019

DEBATES EN TORNO A LA IAP


IAP
Metodologías participativas
Caballero, Martín y Villasante (2019) abren un debate sobre metodologías de Investigación Acción Participativa (IAP), metodologías activistas, socio-análisis, socio-praxis, etc. y realizan una propuesta denominada “Un proceso de ocho saltos”.

Desde una perspectiva marxista se plantea que el conocimiento tiene sentido en tanto esté ligado a la praxis, a la práctica social, a la transformación de la realidad; pero dicha transformación pasa por la articulación y reflexión colectiva con y de los actores sociales.

Se deja de lado la discusión sobre las técnicas metodológicas, las cuales son consideradas todas pertinentes en tanto impliquen a los propios sujetos en su diseño, desarrollo y evaluación del proyecto. El paradigma, la posición ética de que parte el investigador, es lo relevante, en cuanto asume a los sujetos investigados como sujetos-objeto. Si bien,

“epistemológicamente es aceptar una táctica asimétrica (partir de lo que hay: expertos, promotores, bases), para una estrategia de mejor simetría (siempre relativa), cerrar contrastes entre sectores diferentes (precisar las contradicciones entre grupos y con las bases, triángulos de relaciones en las comunidades), para abrir la re-construcción de la red existente (negociar, participar, etc.)” (Villasante, 1994: 416).

Desde la socio-praxis proponen un enfoque diferencial a través de ocho saltos señalando los tipos de acciones a precisar y los productos a conseguir. A continuación los esbozamos brevemente:

Primer salto: La auto-reflexión del equipo y del grupo motor. Este supone, entre otros aspectos, una fase de formación-acción a través de técnicas (deriva, transectos, sociodrama, juego de rol, línea del tiempo, etc.) para contar con la percepción, experiencia, expectativas e historia de acción de diversos colectivos. Además, es necesario abandonar los prejuicios sobre determinados colectivos, el reto es incluir a todos. Es una propuesta inclusiva, cuanto más heterogéneos sean los grupos mejor.

Es importante crear una Comisión de Seguimiento, conformada por personas de la administración y portavoces de la población. Pero siempre de abajo hacia arriba.

Enfoque: ¿Quién observa al observador? Acción: Desde fuera del equipo o con dispositivos de auto-reflexión. Producto: auto-limitación de algunos prejuicios para sesgar menos el proceso (2019: 30).

Segundo salto: la negociación inicial y el plan de trabajo. Con los grupos se determinan los objetivos, tiempos totales, metodologías, condiciones de recursos, seguimiento, etc. Se da paso a la constitución de un grupo como potencia a uno con capacidad para desarrollar recursos y potencialidades para organizarse. Sin desestimar que “el apego emocional y el apoyo mutuo es el pegamento entre el grupo base (afectivo) y el grupo de trabajo (de tarea)”.

Enfoque: Construcción colectiva desde las instancias iniciales. Acción: Constitución de Comisiones de Seguimiento y de Grupos Motores. Producto:
Concretar la metodología al caso, y plan de dinamización (2019:31).

Tercer salto: Mapas estratégicos y conjuntos de acción. Se propone elaborar un mapeo estratégico, un mapeo de relaciones entre los actores o un socio-grama con conjuntos de acción. Considerando el poder, los intereses, la afinidad y la base en que se sustentan las diferencias en pos de construir acciones pertinentes y elaborar alianzas o estrategias participativas, colocando especial interés en buscar -para incluir-  aquellos grupos no afines.

Enfoque: Reconocer la complejidad de relaciones en los entramados sociales (clase, afinidad cultural, organización, miedos y confianzas). Acción: mapeo estratégico o sociograma. Producto: Muestra relacional y “conjuntos de acción” para alianzas viables en el proceso ( 2019:31).

Cuarto salto: Escuchar más allá de los dilemas dominantes. Se propone una escucha activa con “multi-lemas” que vaya más allá de las rencillas, intereses diferentes, desencuentros y desconfianzas existentes en los grupos. De ahí la importancia de preguntar y reflexionar sobre los “por qué” y “para qué”.

Enfoque: Superar algunos dilemas superficiales que dice la gente, queriendo quedar bien (no suelen revelar posiciones ocultas). Acción: Talleres para la devolución de las posturas diferenciadas con multi-lemas. Producto: Deliberación de posiciones discursivas por los protagonistas y profundización en causas y en vías superadoras  (2019:32).

Quinto salto: Coproducir con talleres de creatividad social. Esta actividad puede realizarse después de varios meses  o al año de iniciado el proceso.

Enfoque: Reflexividad de "segundo grado" con la gente implicada, que se replantea los primeros síntomas para pasar a problemáticas mucho más profundas e integrales. Acción: Talleres o Asambleas con grupos de trabajo. Producto: un auto-diagnóstico, con prioridades y alianzas para poder pasar a la fase de actuaciones (2019:33).

Sexto salto: Planificación de urgencia y a medio plazo. El objetivo es dar el salto a la Planificación desde abajo, desde la gente, desde su diversidad. Hay que considerar los proyectos o propuesta de urgencia, las de corto y mediano plazo, sin crear falsas expectativas, es decir, desde la reflexión plantear acciones viables, responsables.

Tabla de Planificación
                Fuente: Caballero et al, 2019:42


Enfoque: Estilos “transductivos” como verificación empírica. Acción: Grupos de trabajo mixtos, que elaboran sus propuestas y las van poniendo en marcha. Producto: Un Plan de acción integral y sustentable (2019: 37).

Séptimo salto: La capacidad auto-organizativa de la gente. Es vital la construcción de estructuras auto-organizativas, esta es la garantía para conseguir los resultados esperados. Además, no hay que partir solo de la autogestión, sino combinar la estrategia de la cogestión con las administraciones, pero siempre de abajo hacia arriba.

Enfoque: Construcción de experiencias de democracias participativas. Acción: Articulación de grupos de trabajo, que ponen en marcha de forma coordinada sus propios proyectos. Productos: ejecución a corto plazo de algunas propuestas, e inicio de otras a medio plazo (2019: 35).

Salto octavo: Los enfoques transductivos y los desbordes necesarios. Desde la perspectiva académica los proyectos finalizan, pero para los colectivos, para la gente no. Por eso es muy importante el proceso de evaluación y monitoreo.

Enfoque: Estilos transductivos que se dejan desbordar. Acción: Monitoreo con dispositivos de corrección y mejora de procesos. Producto: Resultados visibles a corto plazo, que dan confianza para los programas a medio plazo (2019: 36).

Trabajar con los colectivos, incluirlos en los procesos de investigación es una tarea compleja, que requiere mucha pericia y sensibilidad por parte de las/los investigadoras/es, lo cual los obliga a salir de su pedestal, de su rincón en soledad y confrontarse con los sujetos-objeto, para establecer relaciones de intercambio de conocimiento, de apego y de respeto por lo que son, por lo que saben y, fundamentalmente, por  su potencia para transformar la realidad, que sería el objetivo final del conocimiento.


BIBLIOGRAFÍA

Caballero, F., Martín, P. y Villasante, T. 2019, Debatiendo las metodologías participativas: Un proceso en ocho saltos. EMPIRIA. Revista de Metodología de Ciencias Sociales. N.o 44 septiembre-diciembre,  pp. 21-45.

Villasante, T. 1994, “De los movimientos sociales a las metodologías participativas”, en J. M. Delgado y J. Gutiérrez (coord.), Métodos y técnicas cualitativas de investigación en ciencias sociales, Madrid, Ed. Síntesis, pp. 399-424.






domingo, 15 de septiembre de 2019

BOURDIEU Y EL SALARIO MÍNIMO EUROPEO

Fotografía de la dirigente
Angela Merkel
En fechas recientes hemos podido leer noticias sobre la creación de un salario mínimo europeo. La propuesta inicial fue de Angela Merkel en un discurso en la OIT , y ha sido retomada por Ursula von der Leyen, actual presidenta de la Comisión Europea y apoyada por Emmanuel Macron, presidente francés. 



Von del Leyen argumenta que la citada medida “debe tenerse en consideración para homologar los niveles de vida” de los distintos territorios de la Unión. Un primer paso para armonizar, además, reglas esenciales que contribuyan a configurar un mercado laboral europeo”. 

En una entrada anterior nos referíamos a la teoría de la homogeneización de la norma, de Pierre Bourdieu. Casualmente, en relación con cuestiones internacionales referidas a derechos laborales. En aquel caso, esta teoría nos había ayudado a entender por qué el mundo más desarrollado desconfía de los países en los que existe mayor desregulación laboral. Y por qué en Colombia se habían promulgado una norma como la Ley 1010 de 2006 sobre Acoso Laboral (Seco y López, 2015), en un contexto de negociación de tratados de libre comercio. 

Dejamos que el texto de Pierre Bourdieu hable por sí solo para entender lo que sucede en la actualidad: 


La transición “del campo nacional al campo internacional", lo que hoy en día se ha llamado globalización, viene de lejos. Después de la Edad Media, en el proceso de surgimiento y consolidación de los estados nacionales, se dio un proceso de unifomación y normalización que produjo la estandarización de pesos y medidas, la emisión de signos monetarios o la abolición de particularismos asociados a la localización en el espacio geográfico. Siglos después, en la década de 1930 Roosevelt tuvo que establecer en Norteamérica reglas sociales comunes en materia de trabajo (con medidas tales como el salario mínimo, la limitación de la jornada laboral, etc...) con miras a neutralizar los efectos destructores de la integración nacional y evitar la espiral descendente de los salarios y el deterioro de las condiciones de trabajo resultantes de la integración de regiones con distintos niveles de desarrollo en un mismo mercado nacional (Bourdieu, 2001:258-260).



BIBLIOGRAFÍA

Bourdieu, P. (2001a). Las estructuras sociales de la economía (trad. Horacio Pons). Buenos Aires: Ediciones Manantial.

Seco, E. y López, C.M. (2015) Génesis y problematización de la Ley de acoso laboral en Colombia. En: Cuadernos de Relaciones Laborales, Vol. 33, Núm. 1 (2015) 119-147. Madrid: Universidad Complutense.

domingo, 8 de septiembre de 2019

¿UN CAMINO HACIA LA MERCANTILIZACIÓN DE LAS/LOS CUIDADORAS/ES?

Ilustración sobre cuidados
Cuidado personas dependientes
En pasadas entradas hemos abordado el concepto de Estado del Bienestar, planteando la trilogía propuesta por Esping-Andersen (1993), basada en la relación existente entre el Estado, el mercado y la familia. Ahora quisiéramos reflexionar sobre el proceso de mercantilización del trabajo realizado por las y los cuidadoras/res de personas en situación de dependencia (CPSD), apoyándonos en el estudio realizado por Martínez-López, Frutos y Solano (2017). 

Desde una perspectiva de género y un pluralismo metodológico, los autores realizan un minucioso trabajo de campo empleando tanto métodos cuantitativos como cualitativos; siendo su objeto de estudio CPSD en la ciudad de Murcia. 

La Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención (LPAP) a las personas en situación de Dependencia aprobada en 2006 constituye el primer derecho subjetivo en Servicios Sociales en España, abre las puertas a un proceso de mercantilización del trabajo de cuidadoras y cuidadores; es decir, a su reconocimiento como trabajo mercantilizado, y en esa medida con protecciones sociales y laborales. En este marco, el trabajo invisible de las y los cuidadoras/res sería reconocido a través de una prestación económica. ¿Qué avances en este sentido supuso esta Ley? 


La tabla 1 ilustra las prestaciones económicas y servicios de la dependencia:


        Fuente: Elaboración Martínez- López, et al. 2016: 99. 


La estrategia neoliberal para resolver la crisis de 2008, asociada a reducción de actividades del Estado y del presupuesto ligado a prestaciones económicas y servicios restó fuerza a la aplicación de la LPAP. En tanto se reducen los servicios de atención a personas en situación de dependencia, la política se canaliza a una prestación económica mínima, que como señalan los autores, es claramente insuficiente y no supone un proceso de mercantilización del trabajo de los cuidadores en condiciones dignas, en la medida en que ésta se traduce en una renta mínima, desprovista de garantías sociales y laborales al ser extinguido el Convenio Especial de Seguridad Social para personas cuidadoras no profesionales en términos de los que fue creado. Es decir, la renta mínima no supone derechos laborales asociados a vacaciones, prestación por desempleo, invalidez, jubilación, entre otros. 

Aunque la ley tiene carácter estatal, la gestión de las prestaciones de la dependencia es autonómica lo cual se traduce en diferencias importantes entre las comunidades:

La tasa de cobertura para el total de perceptores es del 6,2 % por cada 1000 habitantes, siendo [Murcia] la segunda comunidad más baja de España, tan sólo superada por Castilla-La Mancha (5,2 %); muy alejada de la media nacional situada en 13,2 %. En cuanto a su cuantía, la percepción básica (sin tener en cuenta otros factores como, por ejemplo, el número de hijos) es la más baja de España junto a Ceuta, situándose en los 300 €; muy alejada de la cuantía media en España en 2014 de 420,63 € (Martínez- López, et al. 2016: 104,105). 

Esto supone, como señalan los autores, un modelo familista, en el cual el Estado brinda apoyos, pero la gran responsabilidad sobre el cuidado de personas en situación de dependencia recae en las familias; fundamentalmente en las mujeres, especialmente de sectores empobrecidos cuyas ayudas a todas luces son insuficientes, al destinar buena parte de ellas a la alimentación del núcleo familiar. 

En sociedades capitalistas, la lucha por la mercantilización del cuidado está asociada a la protección y visibilización del trabajo de las mujeres, porque son ellas las que continúan cargando sobre sus hombros la responsabilidad del cuidado. Las mujeres representaban el 93 % de las personas cuidadoras que se dieron de alta en el Convenio Especial de la Seguridad Social de cuidadores de la dependencia (IMSERSO, 2013, citado por Martínez-López, et al. 2016:101). Esta situación supone un empobrecimiento de las mujeres a la vez que trunca sus carreras laborales, ahondando las desigualdades entre hombres y mujeres. 


BIBLIOGRAFÍA

Martínez- López, J. A., Frutos, L. Solano, J. C. (2017). Los usos de las prestaciones económicas de la dependencia en el municipio de Murcia. Un estudio de caso. Revista Española de Sociología, 26 (3 Supl.), 97-113.


domingo, 1 de septiembre de 2019

PRECARIZACIÓN LABORAL: PRÁCTICAS Y BECAS DE TRABAJO

Representación de la precariedad
La precarización de los becarios precariza los sectores
Desde antes de la crisis de 2008, las empresas adelantaban procesos de reestructuración empresarial asociados a reducción de costos laborales a través del adelgazamiento de sus estructuras (externalización de actividades y procesos); de llamados a prejubilaciones y despidos gota a gota, que transformaron en términos cuantitativos y cualitativos la mano de obra: jóvenes trabajadores que ingresan sin mayores protecciones sociales, dispuestos a dejarse la piel bajo la illussio del aprendizaje.

En una entrada anterior, nos referíamos a un estudio realizado en Colombia en el que se veía una tendencia hacia la creciente profesionalización de la figura de los becarios, cuyo desempeño giraba cada vez más hacia el trabajo real y menos hacia el aprendizaje.

García y Arasanz (2019) ilustran el caso de las prácticas y becas de trabajo adelantadas por los periodistas en España.  Posiblemente, esta situación no es ajena al campo del periodismo del mundo actual, en donde los trabajadores antiguos han sido expulsados “voluntariamente” de los puestos dando paso a la llegada de los becarios y de estudiantes en práctica.

La crisis dejó tras de sí un nuevo modelo sostenido por mano de obra precarizada, basado en la estratificación salarial en cuya cima se sostiene el periodista estrella. Lo que empezó como una situación temporal de utilización de las prácticas y de las becas para sustituir a los periodistas en periodos vacacionales o para cubrir un puesto de trabajo con una remuneración menor se ha consolidado como una estrategia empresarial silenciada e invisibilizada por el poder mediático.

En tanto las prácticas académicas están mediadas por un convenio con las universidades y están dentro de un itinerario formativo de grados y másteres, la beca formativa es una figura dirigida a egresados de la universidad con la que se supone que dan otro paso en su formación para ejercer la profesión.

Según los estudiosos, un becario puede tener la misma productividad y responsabilidad que un periodista (García de Madariaga y Meda, 2008: 72). Pero sus ingresos no ascienden a más allá de la mitad de un salario mínimo o, incluso, pueden trabajar de manera gratuita durante tres, seis, nueve meses o incluso años. No obstante, la illusio de la experiencia, la illusio de la carrera interna se desvanecen con su sustitución permanentemente por otro becario o estudiante en prácticas.

… “el 73% de los periodistas inicia su actividad laboral antes de finalizar la carrera bajo la extraña y confusa figura del becario” (Ortega, 2007:2). A esto hay que añadir que gran parte de estos recién titulados —el 92% en 2016, según la Asociación de la Prensa de Madrid (APM, 2016: 28)— realizan prácticas mientras realizan sus estudios” (García y Arasanz, 2019: 50).

Como señala Albarracín: emerge un “un nuevo itinerario de la fuerza de trabajo en torno a un recorrido salarial empleo-formación- empleo (en lugar del recorrido de la doctrina Beveridge: empleo-desempleo- empleo), en el que la fuerza de trabajo consume mayor tiempo de la vida para adaptarse al cambiante sistema industrial” (Albarracín, 2003: 203, citado por García y Arasanz, 2019:53). La illusio de la adquisición de experiencia lleva a apostar por ingresar al mercado de trabajo en situaciones altamente precarias, naturalizándose como el paso necesario para acceder al mismo. Esta ha sido la moneda de cambio dada por el campo académico para garantizar su vínculo con el campo económico, con el mundo empresarial.  El sistema de grados del Plan Bolonia instituyó como obligatorias las prácticas, sin establecer sistemas serios de tutorías por parte del profesorado, en tanto que desde los campos político y sindical no se avanza de manera suficiente en la regularización de las condiciones de trabajo de este colectivo. Todo transcurre bajo el silencio cómplice de las instituciones académicas y mediáticas, pero sobre todo de los estudiantes y jóvenes egresados, quienes las palabras organizarse o luchar por sus derechos les son ajenas.  Su illusio es considerar esta situación como transitoria, como un paso necesario a la consolidación de una carrera profesional.  Sin embargo, los datos no apuntan a ello, el paro registrado entre los periodistas en 2017 superó en un 57% al registrado en 2008 (García y Arasanz, 2019: 52).


BIBLIOGRAFÍA

García Madariaga, J. M., Arasanz Esteban, I. (2019) “Aprendices explotados: Precarización del trabajo periodístico a través de una lógica abusiva de becas y prácticas”. Cuadernos de Relaciones Laborales, 37(1), 49-66.