domingo, 1 de septiembre de 2019

PRECARIZACIÓN LABORAL: PRÁCTICAS Y BECAS DE TRABAJO

Representación de la precariedad
La precarización de los becarios precariza los sectores
Desde antes de la crisis de 2008, las empresas adelantaban procesos de reestructuración empresarial asociados a reducción de costos laborales a través del adelgazamiento de sus estructuras (externalización de actividades y procesos); de llamados a prejubilaciones y despidos gota a gota, que transformaron en términos cuantitativos y cualitativos la mano de obra: jóvenes trabajadores que ingresan sin mayores protecciones sociales, dispuestos a dejarse la piel bajo la illussio del aprendizaje.

En una entrada anterior, nos referíamos a un estudio realizado en Colombia en el que se veía una tendencia hacia la creciente profesionalización de la figura de los becarios, cuyo desempeño giraba cada vez más hacia el trabajo real y menos hacia el aprendizaje.

García y Arasanz (2019) ilustran el caso de las prácticas y becas de trabajo adelantadas por los periodistas en España.  Posiblemente, esta situación no es ajena al campo del periodismo del mundo actual, en donde los trabajadores antiguos han sido expulsados “voluntariamente” de los puestos dando paso a la llegada de los becarios y de estudiantes en práctica.

La crisis dejó tras de sí un nuevo modelo sostenido por mano de obra precarizada, basado en la estratificación salarial en cuya cima se sostiene el periodista estrella. Lo que empezó como una situación temporal de utilización de las prácticas y de las becas para sustituir a los periodistas en periodos vacacionales o para cubrir un puesto de trabajo con una remuneración menor se ha consolidado como una estrategia empresarial silenciada e invisibilizada por el poder mediático.

En tanto las prácticas académicas están mediadas por un convenio con las universidades y están dentro de un itinerario formativo de grados y másteres, la beca formativa es una figura dirigida a egresados de la universidad con la que se supone que dan otro paso en su formación para ejercer la profesión.

Según los estudiosos, un becario puede tener la misma productividad y responsabilidad que un periodista (García de Madariaga y Meda, 2008: 72). Pero sus ingresos no ascienden a más allá de la mitad de un salario mínimo o, incluso, pueden trabajar de manera gratuita durante tres, seis, nueve meses o incluso años. No obstante, la illusio de la experiencia, la illusio de la carrera interna se desvanecen con su sustitución permanentemente por otro becario o estudiante en prácticas.

… “el 73% de los periodistas inicia su actividad laboral antes de finalizar la carrera bajo la extraña y confusa figura del becario” (Ortega, 2007:2). A esto hay que añadir que gran parte de estos recién titulados —el 92% en 2016, según la Asociación de la Prensa de Madrid (APM, 2016: 28)— realizan prácticas mientras realizan sus estudios” (García y Arasanz, 2019: 50).

Como señala Albarracín: emerge un “un nuevo itinerario de la fuerza de trabajo en torno a un recorrido salarial empleo-formación- empleo (en lugar del recorrido de la doctrina Beveridge: empleo-desempleo- empleo), en el que la fuerza de trabajo consume mayor tiempo de la vida para adaptarse al cambiante sistema industrial” (Albarracín, 2003: 203, citado por García y Arasanz, 2019:53). La illusio de la adquisición de experiencia lleva a apostar por ingresar al mercado de trabajo en situaciones altamente precarias, naturalizándose como el paso necesario para acceder al mismo. Esta ha sido la moneda de cambio dada por el campo académico para garantizar su vínculo con el campo económico, con el mundo empresarial.  El sistema de grados del Plan Bolonia instituyó como obligatorias las prácticas, sin establecer sistemas serios de tutorías por parte del profesorado, en tanto que desde los campos político y sindical no se avanza de manera suficiente en la regularización de las condiciones de trabajo de este colectivo. Todo transcurre bajo el silencio cómplice de las instituciones académicas y mediáticas, pero sobre todo de los estudiantes y jóvenes egresados, quienes las palabras organizarse o luchar por sus derechos les son ajenas.  Su illusio es considerar esta situación como transitoria, como un paso necesario a la consolidación de una carrera profesional.  Sin embargo, los datos no apuntan a ello, el paro registrado entre los periodistas en 2017 superó en un 57% al registrado en 2008 (García y Arasanz, 2019: 52).


BIBLIOGRAFÍA

García Madariaga, J. M., Arasanz Esteban, I. (2019) “Aprendices explotados: Precarización del trabajo periodístico a través de una lógica abusiva de becas y prácticas”. Cuadernos de Relaciones Laborales, 37(1), 49-66.

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