lunes, 21 de diciembre de 2020

CAPITALISMO FARMAPORNOGRÁFICO

capitalismo-farmapornografico
Beatriz Preciado, hoy Paul B. Preciado, en su “Testo
Yoqui” (2008), plantea el paso del régimen disciplinario al régimen farmacopornográfico. Esto supone el paso del poder negativo, entendido como el control de los cuerpos a través de dispositivos ortoarquitectónicos externos (panóptico: escuelas, fábricas, cárceles, sanatorios, etc.) al poder positivo, que busca intervenir sobre los cuerpos internamente para producir subjetividad, deseos. En el nuevo régimen “el cuerpo ya no habita los lugares disciplinarios, sino que está habitado por ellos, siendo su estructura biomolecular y orgánica el último resorte de estos sistemas de control” (2008:67). Los sujetos engullen productos farmacológicos y audiovisuales que fijan y delimitan sus potencialidades somáticas funcionando como filtros que producen distorsiones permanentes de la realidad que les rodea; atraviesan sus cuerpos para transformarlos y producir subjetividades, estados del alma.

El bio-capitalismo farmapornográfico se sostiene sobre los pilares de las industrias farmacéutica y audiovisual. La pornografía construye subjetividades, representaciones y cuerpos; busca excitar los sentidos, configurar sujetos deseantes de un tipo de sexualidad, de cuerpo, de vida. La industria audiovisual se sustenta en el principio pornográfico, es decir, en la búsqueda de la excitación permanente para construir sujetos deseantes. El cuerpo postmoderno se vuelve al mismo tiempo colectivamente deseable y real gracias a su gestión farmacológica y a su promoción audiovisual. Vivimos en una era toxico-porno (2008:45).

Estas dos industrias, la visual y la farmacéutica, han generado, en términos ontopolíticos, el “tecnogénero” que da cuenta del conjunto de técnicas fotográficas, quirúrgicas, farmacológicas, biotecnológicas, cinematográficas o cibernéticas que constituyen perfomativamente la materialidad de los sexos.

"El objetivo de estas tecnologías farmacopornográficas es la producción de una prótesis política viva: un cuerpo suficientemente dócil como para poner su potentia gaudendi, su capacidad total y abstracta de crear placer, al servicio de la producción del capital. Fuera de estas ecologías somaticopolíticas que regulan el género y la sexualidad, no hay ni hombres ni mujeres, del mismo modo que no hay ni heterosexualidad ni homosexualidad" (2008:90).

Distante de una posición liberal, Preciado plantea que los sujetos no son libres ni autónomos, sino frágiles e interrelacionados, cuyas posibilidades dependen de su resistencia colectiva. La programación de género, como tecnología sociopolítica, moldea la subjetividad y permite que los cuerpos piensen y actúen como cuerpos individuales, que se autoemprenden como espacios y propiedades privadas, con una identidad de género y una sexualidad fija.

La programación de género dominante parte de la siguiente premisa: un individuo =un cuerpo=un sexo= un género = una sexualidad. Preciado avanza con una apuesta política y académica radical de deconstrucción del género y con él del sexo, los deseos y la identidad. Busca develar la violencia simbólica que este encarna y mostrar las múltiples posibilidades de ser, de existir, individual y colectivamente.

Por un lado, no hay dos sexos, sino una multiplicidad de configuraciones genéticas, cromosómicas, hormonales, genitales, sexuales y sensuales. Por otro lado, es necesario derribar la programación de género lo cual supone romper con los binarios: feminidad/masculinidad, heterosexualidad/homosexualidad; cuestionar los límites del deseo (a quién y cómo desear); apostar por una identidad no esencialista, fija que excluye al otro; además de cuestionar las instituciones que han configurado la familia (el matrimonio, la paternidad).

Remando a De Lauretis señala que el sujeto es al mismo tiempo un productor y un intérprete de signos, siempre implicado en un proceso corporal de significación, representación y autorrepresentación. En este sentido Preciado afirma: “… yo creo que será una revolución pansexual inminente: la disolución de la identidad sexual en una multiplicidad de deseos, prácticas y estéticas, la invención de nuevas sensibilidades, nuevas forma de vida colectiva…, todo eso me parece entonces posible, real, inevitable” (2008: 70).

El bio-capitalismo farmacopornográfico es una narrativa que coloca en primer plano el poder de dos industrias, la farmacológica y la visual, articuladas a la construcción de nuevos sujetos y subjetividades, lo que constituye un aporte importante. Sin embargo, deja de lado, por ejemplo, el poder ejercido por las corporaciones financieras a la vez que el sujeto trabajador se desvanece, dando prioridad a los abyectos, sujetos invisibilizados históricamente por razones de orientación sexual, raza, etnia, procedencia, diversidad funcional, entre otros.

Es un/a autor/a polémica/o, apasionada/o cuya apuesta por deconstruir y arrasar con lo normalizado supone una ejercicio intelectual a seguir, independientemente de si se comparte o no la totalidad de su propuesta teórica y metodológica como veremos en otras entradas.


BIBLIOGRAFÍA

De Lauretis, Teresa, 2000, Techologies of Gender: Essays on theory, film, and Fiction. Indiana University Press, Boomington.

Preciado, Beatriz 2008, Testo Yonqui. Editorial Espasa, Calve S.A. España.

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